EL PASEO DE ANTONIO GARCÍA GONZÁLEZ (RADIO DERSA) Y SU ESPOSA CELIA NEILA POR LAS CIUDADES DE SU JUVENTUD: TETUÁN Y CEUTA

En Algeciras nos llevaron directamente al puerto.

Con treinta y tantos años de diferencia, esta ciudad y otra cualquiera nos pareció otra. En el recorrido hasta el punto de embarque pasamos por una serie de grandes pasillos. A izquierda y a derecha, infinidad de delegaciones de agencias de viajes. Los billetes para los ferrys u otros barcos se pueden adquirir en cualquiera de ellos. Todo está pensado a lo grande y al por mayor y, desde luego en plan moderno. Como decía, tomamos café con algo sólido y nos entregaron individualmente los pasajes para el ferry.

En la explanada del puerto y a través de unas azafatas, nos cortaron los billetes y empezamos a subir y a recorrer pasillos. Largos pasillos que nos llevaron al buque. Aún esperamos algo hasta hacer la hora. Los ferrys son unos barcos muy modernos. Yo calculo para alrededor de mil plazas sentadas en cómodos butacones. Hay dos plantas situadas junto a los grandes ventanales desde donde se divisa todo tu lado del mar. La parte central del ferry en sus dos plantas está acotada, es decir, sin butacas. Creo que esto corresponde al centro del barco, donde en su parte interior van situados los vehículos que transporta.

Bueno, ya estamos en ruta con un día precioso. El barco apenas se balancea. A nuestra izquierda, en el horizonte vamos dejando primero La Linea de la Concepción. Mi tierra. Después el discutido y mal sustraído Gibraltar. En mar abierto. Con el cosquilleo propio de pisar de nuevo Ceuta. Lo de Tetuán fue mayor sorpresa. Ceuta, mantiene en nuestros recuerdos. Juventud, noviazgo. Calles que recorrimos con menos años y, sí, llenos de ilusión.

Aunque la estructura de la ciudad en su parte central ha cambiado poco. Todo está más modernizado. Edificios más altos, avenidas más amplias y un gran paseo ganado al puerto, que desde el antiguo Paseo Marítimo o la Marina, como la llamábamos antes, tiene unas vistas preciosas. En el puerto de Ceuta, solo tuvimos tiempo de subir el autobús y salir para Tetuán. Aquí tomó el micrófono y la responsabilidad del grupo un magnífico guía marroquí. Pasamos la frontera española e, inmediatamente después, llegamos a la marroquí.

Como nos decía nuestro anterior guía, estábamos en otro país, con otras costumbres, otro nivel de vida y otro todo. En la aduana marroquí, un enjambre de marroquíes que deseaban pasar a Ceuta. Había también, los conté al regreso, unos sesenta o setenta taxis, todos marca Mercedes y, según el guía marroquí, todo contrabandistas. Los treinta y ocho kilómetros que separan la aduana marroquí y el Rincón del Madik, hoy está transformado turísticamente en hoteles, villas y apartamentos de empresas extranjeras. No vimos, sea dicha la verdad, poco ajetreo de turista.

Al final llegamos a Tetuán.

Para tener una idea del cambio, en el año 1966 tenía unos setenta y cinco mil habitantes. Ahora nos dijeron que unos 350 mil. Entramos como siempre por la carretera que en sentido contrario lleva a Rio Martín, una bonita playa a unos 10 kilómetros de Tetuán. ¡Qué cosas tiene la vida! Nuestro recorrido de entrada a Tetuán pasaba por lugares que nosotros habíamos recorrido en infinidad de ocasiones y por sitios muy cercanos a las casas donde habíamos vivido.

Tenemos un plano de Tetuán, con los sitios del recorrido y los lugares citados. Pasamos por el Paseo de las Palmeras, anteriormente, antiguo Parque del Cónsul Cagigas, la Estación del Ferrocarril, hoy dedicada a otras cosas. La antigua fábrica de Tabacos. El garaje de la Valenciana, la empresa de transportes más importante del Marruecos Español de aquella época. Y así llegamos a la Avenida Visir R’Kaina. En este cruce está el Colegio de los Marianistas. Subiendo por la citada avenida dejamos a nuestra derecha el Colegio de la Milagrosa, colegio de monjas que a su capilla fuimos a oír misa Celia y yo en bastantes ocasiones. Llegamos a la avenida de la Aguada. En esta avenida siempre visto con buen humor están situados La Cárcel, el Matadero y el Hospital. ¡Una alegría!… ¡Digo yo!.

Girando a la derecha iniciamos la antigua calle Calvo Sotelo, que antes era dirección contraria. Pasamos por la antigua Delegación de Asuntos Indígenas, donde fue jefe de departamento mi tío Augusto. Seguimos por Calvo Sotelo y llegamos a la plaza de Ben Azuz, donde estaban situados entonces el Palacio de Justicia, la Delegación de Hacienda y, para consolarse un poco, el Cine Avenida, uno de los más modernos cines de aquella época. Seguimos por esta calle y pasamos junto al antiguo bar Nipón, que no sé de donde se sacaron los dueños este nombre pues ninguno era japonés. Que yo sepa. También tenemos Celia y yo bonitos recuerdos de las raciones de calamares y callos que disfrutábamos allí.

Y, ¡nueva sorpresa!. Llegamos a la plaza de la Iglesia y el autobús para justamente en los arcos de la antigua “Torres Quevedo”, empresa donde trabajé durante veinte años. Nos hicimos la foto de obligado cumplimiento y, después de leernos la cartilla turística, el guía nos puso de nuevo en marcha con dirección a la calle Cónsul Zugasti ( casi todos los nombres que voy citando son los antiguos que teníamos entonces). Llegamos a una inmensa explanada que, por lo visto, servía de aparcamiento para coches y autobuses.

Entramos en una cafetería marroquí donde podíamos tomar café, coca cola, té… todo a 150 pesetas (aclaración del guía). Esta explanada me desconcertó un poco pues yo no la recordaba. Y de pronto se aclararon las ideas. Esa explanada fue el Cuartel de Artillería que yo conocía por haberlo visitado en festivales de su Patrona con nuestra emisora de radio Dersa­Tetuán. Aquí el guiá nos presentó a nuevos escoltas­guías, eran sus palabras, que nos acompañarían en todo nuestro recorrido turístico.

Volvimos a salir a la calle Cónsul Zugasti y nos dirigimos a la Puerta de Tánger. Tetuán, como todas las ciudades antiguas estaban rodeadas de grandes murallas y las grandes puertas se situaban y tomaban el nombre de la ciudad o caminos a las que estaban orientadas. Así tenemos Puerta de Saida (Ceuta), Puerta de Tánger, Puerta de la Luneta, Puerta de la Reina (por aquí entró la Reina Maria de las Mercedes en su visita a Tetuán). Entramos, como decía, por la Puerta de Tánger a la calle Trancak (cerrada durante la noche en tiempos de guerra con Marruecos). Esta calle o callejón, como se quiera llamar, es estrecha, empedrada y con sus puestos al aire libre, donde expone sus mercancías. Frutas, verduras y toda clase de artículos y, para que nos hagamos una pequeña idea, se puede comparar con esos mercados que se hacen en casi todas las ciudades españolas una vez a la semana, donde se puede encontrar desde una pila de linterna, una alfombra, un kilo de tomates, unos zapatos o un traje de señora. Para situarnos podríamos decir, y esto lo podemos comprobar en el plano de Tetuán de aquella época, que la calle Trancak está situada paralela a la calle Mohamed V, es decir, que la calle está en la misma dirección desde la plaza de la Iglesia (o Muley el Mehdik) hasta la plaza Hassan II (antigua plaza de España).

Estábamos en jueves, día de mercado de la ciudad, víspera del día festivo Musulmán, que es el viernes. Después de recorrer este callejón, llegamos a la calle del antiguo Palacio Jalifiano. En este lugar estuvo prestando sus servicios como Jefe del Economato del Palacio, mi cuñado Paco. Desemboca esta calle en la plaza de Hassan II ( antigua plaza de España donde estuvo situada la Alta Comisaría de España y ahora el palacio de Hassan II, que solo se abre cuando visita la ciudad el Rey de Marruecos). Aprovechamos la ocasión para hacernos fotografías. Atravesamos la plaza y nos dirigimos a la calle Comercio. Justamente en su entrada y a nuestra derecha está la Judería o antiguo barrio hebreo. Por esta calle del Comercio hemos pasado durante muchos años. Primero de soltero, después de casados. El guía nos llevó, dejando esta calle por distintos callejones típicos; hasta una placita donde había un encantador de serpientes que, evidentemente, nos estaba esperando, pues formaba parte de los atractivos turísticos. Allí dentro de la exhibición con unas serpientes ancianas, donde podían participar algunos de nosotros. Y así lo hicieron algunas de las valientes del grupo.

Seguimos nuestro recorrido y así llegamos a un palacio, en pleno barrio de la Medina ( o ciudad), donde hubo una exposición de alfombras trabajadas a mano en la fábrica de artesanía. Allí nos explicaban el proceso de su fabricación por manos de mujeres marroquíes. Los precios, como es natural y conociendo la forma de comprar y vender de ese país, empezaba bastante alto, quedando por debajo de la mitad. Algunas de estas alfombras, necesitaron las manos de diez o quince mujeres durante más de un año. No hubo mucho éxito en las compras a pesar de que se podía comprar con tarjeta de crédito de bancos españoles. Nuevo paseo por los estrechos callejones. Llegamos a otro palacete con otra exposición y venta de colonias, perfumes y plantas medicinales.

El jefe de la presentación, ayudado por otros marroquíes a los que mandaba hacer cosas a gritos, supongo para hacer notar que era el jefe y era el que mandaba. Le obedecían sumisos. Entre la infinidad de productos podríamos resaltar masaje para músculos dañados, comprobadores que cambiaban de color al colocarse sobre las manos, indicando la capacidad sexual de ellos o ellas, estimulantes para lo mismo, así como perfumes de todas las flores y plantas aromáticas de distintos países (esto es lo que nos contaba en un perfecto castellano). De nuevo, a callecitas muy estrechas y llenas de vendedores ambulantes y de gentes curiosas que nos miraban con, digo yo, mucha simpatía. No hay duda que siendo un país tan cercano a Europa y especialmente de España, con tal que cuidaran un poco la seguridad y sus atractivos turísticos, sus ingresos económicos aumentarían mucho. Así llegamos a otro palacete, convertido en lo que va a ser nuestro comedor.

Quisiera resaltar que esto lo descubren los turistas que visitan este país por primera vez, pero que nosotros ya conocíamos anteriormente. Por unas callejas con apenas ventanas, a través de una puerta algo mayor que las demás y claveteada con clavos dorados se desemboca de pronto en un bonito jardín y unos amplios salones, con capacidad para muchas personas. Así eran los lugares antes citados. Tomamos asiento todos alrededor de pequeñas y bajitas mesas redondas donde nos iban a servir la comida. El menú lo componían, primero una taza de harira, una especie de densa sopa o caldo (esto lo utilizan frecuentemente en su alimentación y es el primer alimento que toman los días de Ramadán (o ayuno). De segundo plato, una gran bandeja de cuscús que sitúan en el centro de cada mesa y que se sirve cada uno en su plato. Aquí nos ayudábamos con el correspondiente tenedor, aunque tradicionalmente y bien lavadas sobre la marcha, se come con las manos. La calidad no era muy buena, si conocemos el cuscús disfrutado en otras ocasiones. Para beber Coca cola y de postre una pasta parecida a nuestros polvorones de Navidad (normalmente están hechas de almendra, miel, harina y leche). Para amenizar el acto teníamos música de chirimías y tabores, y una bailarina (bastante mayor) que pasaba bailando entre los apretados comensales, dando caderazos a unos y otros. A nosotros, afortunadamente, nos pilló lejos. Como número especial apareció un “artista” con una bandeja llena de vasos con agua y una lucecita flotante (nuestras mariposas del día de los difuntos). También se paseó entre nosotros con su bandeja sobre su cabeza.

Prácticamente después de comer íbamos a iniciar nuestro recorrido hasta el lugar de partida. En la puerta del palacete donde habíamos comido nos esperaba un verdadero enjambre de vendedores de artículos del país, con poco atractivo turístico y de los que nos teníamos que proteger cerrándonos sobre nuestro grupo. Así desembocamos de nuevo en la Puerta de la Reina, lugar de tantos recuerdos en nuestras vidas, pues por allí habíamos pasado en infinidad de veces, de solteros y de casados. Muy cerca, como decíamos al principio habíamos vivido de soltero, y muy cerca también habían vivido Angel y Mercedes cuando éramos novios nosotros.

De nuevo el autobús. Un vehículo moderno que nos iba a retornar a Ceuta. Hicimos una última foto en la Puerta de la Reina y en marcha. Nos íbamos despidiendo de nuestro querido en el recuerdo Tetuán, de dejar algo querido. Aquí no puedo dejar de hacer una pequeña observación, particular y diría yo, íntima. Cuando decidimos hacer esta excursión, no prevista en el viaje, lo hicimos con nuestras dudas y correspondientes precauciones. Ahora nos ocurría lo contrario, por lo menos a mi; teníamos deseos de volver.

En el recorrido de regreso. Todo ha cambiado. Más edificios junto a la carretera. Zonas del antiguo trazado de la vía del tren, aprovechada ahora como carretera principal Tetuán – Ceuta. Pasamos junto al antiguo campo de aviación. Luego Llano de Malalien. Más adelante Rincón del Medik. Y una vez rebasado este pueblo, nueva parada con exhibición de camellos. Allí había una familia de un matrimonio y sus hijos pequeños, que cuidaban de otra familia de varios camellos. Todo bastante rústico y humilde, pero por lo visto también se incluía en el recorrido turístico. Se detuvo el autobús y el guía nos anunció que si queríamos podíamos bajarnos y hacernos unas fotografías montados en los camellos y, como siempre en estos viajes, hay voluntarios. Allá fueron los más valientes. Les ayudaba el moro técnico en camellerías a subirse. Les daba un paseíto muy corto alrededor de los otros camellos. Aprovechaba el fotógrafo marroquí para hacerle la foto correspondiente. Así se subieron algunos. Nosotros no teníamos ganas de camellerías y esperamos en el autobús. Nuevamente en marcha pasamos por la zona de Restinga. Playas que ahora no se veían desde la carretera, tapada por pequeños hotelitos, propiedad de una empresa norteamericana, según nos iban informando. Después pasamos junto al antiguo cuartel de la legión Dar Riffien, del cual no queda nada o casi nada.

Y así llegamos de nuevo a la frontera marroquí. Mucho ajetreo de marroquíes llenos de paquetes y abultadas chilabas. En la parte marroquí de la frontera contamos del orden de sesenta o setenta taxis, todos marca Mercedes, puestos en filas de cuatro que, según nos volvió a informar el guía, eran de “comerciantes”. Pasamos la frontera y en la aduana española apenas nos detuvimos. Llegamos a Ceuta. Pasamos por el Puente del Cristo, plaza de la Virgen de Africa hasta llegar al puente Almina, donde nos iba a dejar el autobús pues nos habían anunciado la posibilidad de hacer compras de algunos artículos que decían estar más baratos que en España. Mamá insinuó al guía nuestro que en programa había una visita panorámica desde el autobús. Hizo efecto la cosa y el autobús, de nuevo en marcha, recorrió la marina, Plaza de la Virgen de África, calle Canalejas, puente Almina, paseo de la Marina y bajando al nuevo parque del paseo marítimo, ganado al mar del puerto, regresamos al punto de partida. Como nosotros teníamos intención de recorrer lo que pudiéramos de Ceuta dejamos a los compañeros de viajes y enfilamos la calle Real, plaza de Ruiz, calle Camoens y plaza de los Reyes. Allí nos desviamos a la derecha hasta llegar a la vista de la casa donde había vivido mamá desde pequeña. Hicimos a mamá la fotografía de recuerdo correspondiente y muy cogidos del brazo nos retiramos, pues mamá se había emocionado.

Volvimos a la calle Real. Hicimos otra fotografía frente a la fachada de la Iglesia de San Francisco. Como aún teníamos tiempo entramos en el café El Campanero. Tomamos café, lo pagamos y volvimos a dejar el café en los servicios correspondientes, pues no nos gusta nada que no sea nuestro. Volvimos a la calle de la Marina, donde estaba el autobús. Los compañeros de viaje seguía comprando cosas en las tiendas de los indios. Mamá se compró un mantón de Manila para poder cantar cuando llegáramos a Castellón aquello de “Pisa morena, pisa con gracia, que un relicario te voy a dar. Con el mantón que hemos comprado, que hemos comprado en los indios de Ceutá”. Tomamos aquí de nuevo el autobús que nos llevaría al puerto. Despedida del guía marroquí, petición de propina para el conductor del autobús que nos había llevado a Tetuán y embarque en el ferry para regresar a Algeciras.

Viaje con salida del puerto de Ceuta, contemplando el Monte Hacho y regreso apacible en un día precioso. De nuevo en el puerto de Algeciras, recorrido por pasillos acristalados hasta llegar a la aduana donde esperamos a todos los componentes del grupo. Pasamos junto a las mesas de aduanas donde estaban los miembros de la Guardia Civil de Servicio. No nos preguntaron y pidieron que les enseñáramos los paquetes o carteras que llevábamos . Y felizmente de nuevo en nuestro autobús que nos llevaría a Torremolinos. El día, como decía, precioso, sin una nube ni nada de aire. Autovía en perfectas condiciones y muchas ganas de llegar al hotel.

En resumen, podemos decir que fue éste un viaje lleno de sorpresas y de gratos recuerdos. Visitar Ceuta y Tetuán fue algo extraordinario y para mantener mucho tiempo en el recuerdo. Conservamos fotografías y grabaciones magnetofónicas del viaje y, quizás, nos faltó la cámara de video. ¿Qué se le va a hacer? ¡Otra vez será! Y como os decía, de tener dudas del viaje en lo que respecta a Ceuta y Tetuán se transformó endesear volverlo a hacer.

SERVICIOS SANITARIOS EN EL PROTECTORADO ESPAÑOL EN MARRUECOS – CARTA DEL DR. D. ALFONSO TURÉGANO

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Hace unos meses, en el BOE de fecha 04/08/03, apartado 13.461, me ví gratamente sorprendido, pese a no encontrar, sin falta modestia, merecimiento para ello, al conocer que la Excelentísima Sra. Ministra de Sanidad y Consumo me concedía la Orden Civil de Sanidad en la categoría de Encomienda. Ella debe tener sus asesores y no es aconsejable discutir un honor que te hacen y para el que has sido propuesto, supongo, por tus compañeros, que han visto en ti méritos que tú ignoras o no valoras en tu faceta profesional o humana.
Hace unos meses me produjo sorpresa e indignación la lectura de un tratadista de nacionalidad francesa, de cuyo nombre no deseo acordarme, pero muy conocedor, al parecer, de la Administración sanitaria de la antigua zona del Protectorado Español en Marruecos; este señor afirmaba que solo se podía hablar de sanidad militar, ya que sanidad civil, como tal, no había existido en la zona española del Protectorado.
Es decir, que desde la pacificación en el año 1927 hasta la independencia del país en 1956, no había existido una organización sanitaria civil, con sus hospitales civiles en cada una de las principales ciudades del protectorado, sus dispensarios de atención primaria, centros rurales de salud en cada caidato, sanatorio antituberculoso de Ben-Karrich (actual sanatorio antituberculoso Mohamed V), leprosería en Larache, hospitales psiquiátricos en Sidi-Frich y Sidi Ali Harazen y un etc. muy largo; todo ello dependiente de la Dirección General de Sanidad Civil ubicada en Tetuán y al servicio del gobierno Jalifiano, teniendo como funcionarios a médicos civiles, generalistas y especialistas en todas las ramas del saber médico, que habían obtenido sus plazas por oposición al “Cuerpo de Médicos de los Servicios de la zona”. Con esta titulación se incorporaron a España al llegar la independencia del país, o continuaron al servicio del gobierno marroquí, en virtud del Convenio Hispano-Marroquí sobre Asistencia Administrativa y Técnica del 3 de julio de 1959, hasta que una de las dos partes, de mutuo acuerdo, no desearan continuar en esta situación. La actual estructura sanitaria en el norte de Marruecos es una prolongación de lo que fue la sanidad civil del Protectorado, con facetas positivas y negativas. Ha disminuido el número de médicos rurales, quiero pensar que al mejorar las comunicaciones; aquellos héroes anónimos acudían, a lomo de caballo o como fuera, por caminos polvorientos, a veces senderos de cabras, con un fórceps y un estetoscopio en su maletín y en medio de solo Dios sabe cuántas dificultades, para atender a la parturienta de turno, al traumatizado o a cualquiera otra patología sin posibilidades de evacuación inmediata; o bien realizaban los recorridos durante las campañas de vacunación o inspecciones sanitarias. ¡Cuantas veces, por mis frecuentes cacerías por toda la zona, me he cruzado y charlado con ellos, acompañados por el practicante y el mehazni protector, y cuánto he admirado a estos funcionarios! Su labor solo estaba compensada por el cariño y el respeto que el kabileño les profesaba. Existían médicos civiles de ejercicio profesional libre, no militares ni funcionarios, que gozaban de una merecida reputación por sus cualidades humanas y científicas; o bien nacieron allí o llegaron en circunstancias variopintas y se quedaron para ejercer su profesión, con el beneplácito y autorización del gobierno jalifiano y de las autoridades protectoras. Mi memoria de pre-Alzheimer no me permitirá recordarlos a todos, pido perdón por los que olvide, pero tuve mucha amistad y colaboración profesional con el doctor Prat, los hermanos Maté y su hijo Emilio, los Frieiros, Noguera, Gabizón, Benamú, González Martín, Tomás Fez, Palomo, Flores, Carlos Bretón, Emilio Aragón, Manolo Muñoz, Espinar, Pubiano, Skirek, Ben Aomar, Bertucci, Zaldivar, Arnet (Alcazarquivir) y muchos otros que me resulta imposible recordar, de ejercicio profesional libre (no se si funcionarios o no) en otras ciudades de Marruecos. Así como las promociones de los Rico Abelló, Díaz Marín, Otero, Irigoyen, Solsona, del Toro, sin olvidar los que quedaron para siempre, después de muchos años de ejercicio profesional, como Traba y Alberti, y otros que cayeron en la lucha contra la enfermedad, como el Dr. Bernal, víctima de la epidemia de tifus exantemático.

Tengo ante mí la tesis doctoral del Dr Luis Herrero Muñoz sobre “Acción Sanitaria de España en Marruecos” que dedica a su mujer, Encarnita, y al profesor Matilla ¡Qué recuerdos más entrañables trae a mi mente este excelente profesional, hombre bueno que trabajó mucho y amó mucho a este país!. Gracias, Luisito, allá donde sé que estás, por los esfuerzos que me ahorras fusilando datos de tu tesis, ante la pobreza de información que existe sobre la sociedad civil del Marruecos de influencia española.
El tratadista francés debiera haber tomado algunos datos para conocer la organización sanitaria desde comienzos del Protectorado y enterarse de que después de la pacificación en el año 1927 transcurrió la etapa de unos médicos militares (Gomez Ulla, Lozano, Zaldivar, Merás, Manzanares, Aracama, Lazo, Bonet, Amieba, Duaso), alguno de los cuales llegué a conocer, que fueron verdaderos pioneros de una obra sanitaria que perduró, durante todo el Protectorado, en manos de una sanidad civil. Ya en 1918 se crea el Servicio Sanitario Oficial y la Juntas Civiles de Sanidad local. Por dahir de 22 de julio de 1929 se crea la Inspección de Sanidad de la zona, así como las inspecciones locales de sanidad civil y las juntas de Beneficencia; en marzo de 1937 la Inspección de Sanidad se adscribe definitivamente a la Delegación de Asuntos Indígenas de Tetuán, con un organigrama donde merece destacarse el Instituto de Sanidad de Tetuán; éste disponía de secciones de hematología y transfusión, bacteriología y análisis clínicos, parasitología, análisis químico e higiene, histopatología, vacuna antirrábica, vacuna antivariólica, estación móvil de desinfección y una sección pedagógica que organiza cursos y conferencias para los médicos recién incorporados a Marruecos.
En este programa del año 1937 destacamos así mismo una sección de servicios farmacéuticos, hospitales civiles, sanatorio y enfermería marítima de Asilah, higiene escolar, medicina e higiene infantil, lucha y campañas sanitarias (antipalúdica, antivenérea, antitracoma, antituberculosa), así como otras campañas sanitarias. Si bien existía un Patronato antituberculoso con dispensario en Tetuán, el
sanatorio antituberculoso de Ben-Karrich no inicia su andadura hasta 1946, siendo su primer director el doctor Lenzano y, posteriormente y hasta años después de la independencia del país, el doctor Muñoz Ramallo, ambos de grato e imperecedero recuerdo entre sus muchos enfermos que, aun hoy y después de tantos años, me preguntan por ellos. Su labor fue aún más completa al contar con la colaboración
impagable de las religiosas de San Vicente, que continúan en la actualidad su meritoria y callada labor.
Otra sección a considerar en este organigrama son los “círculos médicos”, que García Figueras califica como “La avanzada sanitaria que se infiltra en la población campesina marroquí llevando su acción benéfica y social a todos los rincones de ella”.

Existían, en la estadística de 1955, cuarenta y cuatro centros médicos rurales y once urbanos. El total de establecimientos sanitarios era de 93. El número de médicos funcionarios 115 y el número total de personal sanitario 676 ¿Existió medicina civil en el Protectorado, estimado tratadista?. ¿Qué ocurría con los enfermos mentales? ¿Cómo no cubría estas necesidades la sanidad estatal? ¿Los buhalis estaban considerados como tales enfermos?. La respuesta a esta deficiencia asistencial no me fue difícil encontrarla: el respeto, por parte de la nación protectora, a las tradiciones del país, el sentido místico-mágico-religioso que sobre la enfermedad mental existía en la conciencia del pueblo, en un amplio meridiano cultural, como en otros tantos países en aquel tiempo, hacía que el desequilibrado mental, el buhali, el loco, gozara de respeto, misterio, sorpresa y temor generalizado; sus cuidados corrían a cargo de las instituciones religiosas del país, y eran atendidos en sus necesidades por el Ministerio del Habús (Asuntos Islámicos), del cual dependía asimismo todo lo relacionado con las mezquitas, beneficencia musulmana, Yumaas comarcales y las zauias para acogida de enfermos buhalis en algunas kábilas (Sidi-Hedí en Beni Aros, Sidi Ali Harazen en Melusa, Sidi Larbi Gailan en Arzila, Sidi-Frich enTetuán y algunas más que he olvidado).
Y aquí comienza mi “ridiculum vitae” que diría Sabater y que sitúo en el año 1950 cuando, después de muchos problemas administrativos, tengo que incorporarme a cumplir el servicio militar al “Regimiento de Artillería nº 30 de Tetuán como soldado especialista en psiquiatría, adscrito al Hospital Militar Gómez Ulla” (BOE). Me presenté al coronel Utrilla de artillería, quien me ordenó acudir al coronel Aracama,
director del Hospital Militar. Fui nombrado, previo informe sobre mis antecedentes, médico jefe del “Servicio de presos y dementes”.
Así comencé mi andadura profesional en Marruecos, en un Hospital Militar deunas 700 camas, con sesiones clínicas bisemanales, de marcado interés y calidad científica, con profesores universitarios invitados a ella casi semanalmente, y en un ambiente castrense donde los jefes se hacían imitar y querer, y nunca odiar o temer. Tuve muchas interconsultas y amistad con todos ellos: Triguero, Montero, Mayoral, Ríos, Conejo, Duaso, Segoviano, Astray, Peiró, Bedoya, Retuerto, Del Hoyo, Puga y otros que lamento no recordar. Nunca supe su graduación militar, si exceptuamos al Doctor Aracama, coronel director y gran amigo. Mi curiosidad, nunca saciada, me hace interesarme por el estado de la psiquiatría civil del protectorado, y con una carta de mi padre me presento a su buen amigo y paisano Don Francisco Trujillo Machacón, Coronel del cuerpo de Interventores. No tengo modo de expresar y agradecer la acogida que recibí de este gran hombre y su
numerosa familia, y muchas veces he pensado que, si algo útil hice en este país, fue con el único deseo de que a él pudiera agradarle. Desde ese momento no me sentí solo en Tetuán. Él me informó sobre lo que yo deseaba saber, si bien me advirtió Don Francisco que el Ministerio del Habús era un poco tabú para las autoridades protectoras, por puro respeto a las tradiciones y al matiz religioso del mismo. Me presentó al que luego, y durante muchos años, sería amigo inseparable, el Hach Mohamed Baraka, jefe de los chorfas de Muley Abdeselam y Presidente del Tribunal Supremo de Justicia del gobierno jalifiano, a cuya familia me uní por lazos profesionales y de amistad. El hach Baraka estaba casado con Zaineb Musa, hija del Ministro del Habús (madre del actual embajador de Marruecos en España, Sr. Abdeselam Baraka).

Todas las piezas del ajedrez estaban listas. Necesitaba una autorización del Ministro para visitar el Lazareto de Sidi-Frich, donde estaban encerrados los locos o las personas que habiendo sido tomadas como tales, porque algún día se excedieron con alguna bebida alcohólica, causaron escándalo en la vía pública, fueron detenidos y conducidos al Lazareto. El bondadoso y sabio Ben Musa no puso reparo a mi visita y con una cámara y un tomavistas entré en Sidi-Frich. Aun conservo en mi retina la escena dantesca. Semidesnudos o desnudos, con gruesas cadenas o anillas de hierro en cuello y tobillo, permanecían en celdas de 1,60 x 60, atados a una argolla del muro, hasta que Dios quisiera librarlos o cediera su cuadro de agitación. Otros paseaban, como autómatas, gesticulando, riendo, llorando, semidesnudos, sucios y en un número diez veces superior al espacio disponible. Buenos y humanos guardianes se lamentaban de la situación pero se veían impotentes para solucionarla, y tenían miedo a dejarlos libre por su posible agresividad o fuga.
Mostré fotografías, no todas, al Hach Baraka, Ben Musa y Don Francisco, no saliendo de su asombro y poniendo éste la situación en conocimiento de Don Tomás García Figueras, delegado de asuntos indígenas, y con posterioridad Alto Comisario. El resultado fue la concesión inmediata de recursos económicos y humanos suficientes para transformar el Lazareto en Hospital psiquiátrico de Sidi-Frich, con una capacidad inicial de 100 camas. A él trasladé los enfermos de las distintas zauias y creamos una consulta de salud mental, aneja al hospital, así como 3 talleres de Laborterapia (esteras de palmito, ebanistería y alfarería). Creo sinceramente que mi curiosidad y disposición para aunar voluntades de hombres buenos y sensibles al dolor ajeno dio su fruto y se creó una buena obra.
Duró la transformación aproximadamente dos años, siendo este tiempo aprovechado para tratar enfermos, aplicando los métodos biológicos entonces existentes (electro-shock, electro-narcosis, curas de Shekel con insulina) así como los primeros fármacos psicoactivos del mercado (neurolépticos, ansiolíticos, timolépticos), tanto en régimen hospitalario como ambulatorio. El resultado fue espectacular. El pueblo no podía creer cómo un buhali, en intenso estado de agitación psicomotriz, que agredía a veces sin causa justificada, hablaba de forma ininteligible y se desnudaba sin pudor, ingresara en Sidi-Frich y una semana después trabajara en un taller ocupacional. Yo me
preocupaba de sacar provecho de esta situación de asombro y trabajábamos a puertas abiertas, permitiendo la entrada de familiares y amigos y realizando todos los tratamientos ambulatorios posibles. El trabajo nos desbordaba, al acudir enfermos de todas las regiones del país, formar personal especializado (no puedo olvidar a Antonino, Mafur, Butaieb, Maimón, Metuki y tantos otros), y pelearme con la administración, siempre con limitaciones económicas. Continué con la jefatura de servicio del Hospital Militar, que se transformaría con
posterioridad en el Hospital Español de Tetuán, y a día de hoy sigo sin saber si fui licenciado o no, pues creo que nadie me comunicó nunca nada o yo no me enteré. Fui nombrado con carácter interino médico psiquiatra de los Servicios Sanitarios de Marruecos por la Dirección General de la Alta Comisaría en agosto de 1951, plaza que saqué con posterioridad, por oposición libre, en Madrid y entre especialistas
españoles en 1953, junto al doctor González Más, que renunció. Continué mi vida profesional compaginando mi actividad hospitalaria con el
ejercicio profesional libre, creando una unidad de psiquiatría en el Hospital Civil de Sania-Ramel. Tuve mucha amistad, pues relación profesional la había tenido siempre, con grandes especialistas como Erviti, Suero, Eduardo y Luis Lomo, González Haba, Luis Barceló, Ugarte, Molina, Gabito, García Serna, López Basto, Chacón, Sanchez Covisa, Ruiz, Rellán, Santonja, Chornechan, Curbera, Arces, Erice, Gabizón, Wilson, Ruiz, García Cortés (Tánger), Lastra, Roca (Tánger) y tantos otros que supieron dar, cada uno de ellos, un tono de humanidad, seriedad científica y austeridad profesional a la medicina española en Marruecos.

El tiempo pasa y llega el año 1956 con la independencia del país. La transferencia del Protectorado español al gobierno marroquí debiera haber servido de referente a todos los acontecimientos políticos similares que se produjeron en el mundo con posterioridad. Se realizó con serenidad y sosiego, cortesía y colaboración, y sin traumas dignos de señalar, en Tetuán, capital del Protectorado. El ejército español evacuaba sus efectivos, se transferían competencias y poderes, coincidían autoridades de las dos naciones en el cotidiano quehacer de la ciudad, con contactos permanentes entre ellos y sin complejos por parte alguna.
Hasta el 3/08/1959, tres años después de la independencia del país, no se firmará el Convenio Hispano-Marroquí de Asistencia Administrativa y Técnica. Creo que ello se produjo por el buen entendimiento entre los dos pueblos y el buen hacer del
inteligente nacionalista tetuaní Abdelhalek Torres, Ministro encargado por S. M. Mohamed V de la transferencia, así como por la capacidad dialogante y tolerancia de Taieb Bennuna, primer gobernador de Tetuán, del bueno de Ben Azus, secretario del gobierno, sin olvidar a Abdeselam el Hach, bacha de Tetuán durante tantos años y fraternal amigo.
A lo largo de los años he conocido a gente de toda condición y siempre tuve amigos que me ayudaban y satisfacían mis deseos. Abusando de nuestra amistad les pedí ayuda para un proyecto que rondaba mi mente: trasladar el hospital psiquiátrico de Sidi-Frich, que había quedado obsoleto e insuficiente, al cuartel de Regulares número 1 de Tetuán, conocido por Mallorca, situado en la barriada del Yebel Dersa y que estaba desocupado por traslado del regimiento a Ceuta. Teníamos la posibilidad de ampliación a seiscientas camas, terrenos para jardinería y talleres ocupacionales, multibloque, posibilidades de construir nuevos pabellones y dar, en fin, una asistencia psiquiátrica de
mejor calidad y más proyección social. Creo que llegué a ilusionarlos, Taieb decía que hipnotizarlos, y al final se produjo el traslado venciendo toda clase de obstáculos, incluso de los enfermos que añoraban el viejo Sidi-Frich y, por supuesto, con pocos medios económicos.
El hospital marchaba y la demanda de plazas aumentaba desde todas las ciudades del reino, imponiéndose la ampliación del mismo. El Ministerio de Sanidad de Rabat era sordo a nuestra demanda, sin duda porque no podrían, pero no así el Gobernador de Tetuán, el animoso, inteligente y querido amigo Hosain Layasi, que tanto bien hizo a la ciudad. Éste nos ofreció su ayuda así como la Delegación de Sanidad de Tetuan, que nos cedió personal de mantenimiento de la provincia. Con ellos, nuestros enfermos, el gobierno de la provincia y las donaciones en cemento y material de construcción facilitados por la generosidad de numerosas y nobles familias tetuaníes, terminamos un bonito pabellón con 60 camas. ¿Cómo no voy a estar agradecido e imperecederamente unido a este pueblo?. El Dr Fadel Beniais, tetuaní de cepa, de gloriosa memoria y entrañable amigo, médico personal de S. M. Hassan II, se interesa por el centro y por sus necesidades y consigo animarlo a un nuevo proyecto: la creación de una colonia psiquiátrica en Sidi Ali Harazen, en la kábila de Melusa, de la región de Anyera, para enfermos crónicos fuertemente estereotipados y des-socializados. Si conseguíamos hacerlos trabajar en faenas agrícolas, todos ellos procedentes del medio rural, dábamos el primer paso para una posible reinserción social y familiar. Creo que el bueno de Fadel debió implicar a alguien más, pues el hospital con 50 camas fue construido rápidamente en la proximidad del santuario, bien dotado de personal y material.

Creo que hicimos una operativa granja agrícola con el trabajo de los enfermos, incentivados con un quehacer y visitas familiares frecuentes que llenaban su vida de un contenido que les permitió a muchos volver a sus hogares. Fui el último funcionario español al servicio del Gobierno Marroquí en virtud del Convenio de Asistencia Técnica. Me incorporé a la Administración española como Director del Centro de Diagnóstico y orientación terapéutica del centro de Higiene de Ceuta y jefe del servicio de Psiquiatría de Cruz Roja en 1976. Fui profesor de
psicología, psicopatología y psiquiatría de la Escuela Universitaria de Enfermería de Ceuta durante 25 años, y me jubilé en 1995.
¿Qué ha sido de lo que ayudé a crear en Marruecos? En realidad no lo sé. Mucha nieve ha caído sobre las cumbres del yebel Kelti desde que yo llegué a estas tierras. Sigo en ellas pues, si bien tengo mi domicilio oficial en Ceuta, acogedora, bella y apacible ciudad, paso el tiempo que mi trabajo privado me permite en Kabila, bonita urbanización en Rincón del M’diq; juego al golf con frecuencia en Cabo Negro, cazo donde siempre lo hice, en todo el país, y creo gozar del respeto y consideración de este pueblo agradecido, siendo el afecto mutuo.
Quiero agradecer a Pili, mi mujer, su paciencia y pedirle perdón por las muchas promesas incumplidas. Ella colaboró fundamentalmente en mi labor. Durante veinte años, o algunos más, la ilusioné con vacaciones de un mes, como todo el mundo, y pasarlas en su querida Zaragoza visitando todos los días a la Pilarica. Nunca pude cumplir mi promesa. Si añadimos mis cacerías de domingos y festivos sin mirar la
meteorología, no es de extrañar que diga cuando se enfada, que son pocas veces, ser la perfecta viuda desde los 20 años, que cometió la equivocación de casarse conmigo, un médico cazador. Suelo responderle que en compensación, tengo a la mujer que mejor juega a la canasta del mundo, algo que aprendió en los muchos años que, con sus amigas, llenaba el vacío de mi ausencia.
No me he decidido, ni creo lo haga, a visitar los centros que ayudé a crear, ilusionando a mucha gente que ya se fue. Guardo una imagen de ellos que no quiero que se desvanezca ante una realidad actual posiblemente muy diferente. No se si los sueño como son ahora pero sí como fueron, y así vivirán siempre en la intimidad de mi recuerdo emocionado.

CONVOCATORIA A LA ASAMBLEA GENERAL EXTRAORDINARIA DE LA MEDINA (20 Junio 2014)

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De acuerdo con lo previsto en los artículos 15 y 24 de nuestros Estatutos Sociales, convocamos a todos nuestros socios numerarios a asistir a la Asamblea General Extraordinaria de nuestra asociación que tendrá lugar el próximo día 20 de junio de 2014  en los locales del Instituto  de Mayores y Servicios Sociales, Sala nº 3  a las 17 horas en primera convocatoria y a las 17:30 en segunda, para el estudio y aprobación en su caso de los siguientes puntos del ORDEN DEL DÍA:

  •  1º Lectura, y aprobación en su caso del Acta de la Asamblea General correspondiente al pasado ejercicio.
  • 2º Elección de nueva Junta Directiva. Se recuerda que conforme a los preceptos citados, el plazo para presentar Candidaturas comienza 30 días antes de la fecha de la Asamblea y termina 5 días antes de la misma. Las candidaturas habrán de presentarse en listas cerradas.

Asimismo se informa que las elecciones serán para los siguientes cargos:

Un Presidente, uno o tres Vicepresidentes, un Secretario, un Tesorero y Vocales que no serán menos de dos, ni mas de ocho y los Delegados Regionales en Andalucía y Levante.

El Instituto está situado en la Avenida de la Ilustración s/n, con vuelta a C/ Ginzo de Limia nº58. Metro Herrera Oria, Línea 9 y autobuses 49, 127, 128, 132 133 y 137.

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