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Hace unos meses, en el BOE de fecha 04/08/03, apartado 13.461, me ví gratamente sorprendido, pese a no encontrar, sin falta modestia, merecimiento para ello, al conocer que la Excelentísima Sra. Ministra de Sanidad y Consumo me concedía la Orden Civil de Sanidad en la categoría de Encomienda. Ella debe tener sus asesores y no es aconsejable discutir un honor que te hacen y para el que has sido propuesto, supongo, por tus compañeros, que han visto en ti méritos que tú ignoras o no valoras en tu faceta profesional o humana.
Hace unos meses me produjo sorpresa e indignación la lectura de un tratadista de nacionalidad francesa, de cuyo nombre no deseo acordarme, pero muy conocedor, al parecer, de la Administración sanitaria de la antigua zona del Protectorado Español en Marruecos; este señor afirmaba que solo se podía hablar de sanidad militar, ya que sanidad civil, como tal, no había existido en la zona española del Protectorado.
Es decir, que desde la pacificación en el año 1927 hasta la independencia del país en 1956, no había existido una organización sanitaria civil, con sus hospitales civiles en cada una de las principales ciudades del protectorado, sus dispensarios de atención primaria, centros rurales de salud en cada caidato, sanatorio antituberculoso de Ben-Karrich (actual sanatorio antituberculoso Mohamed V), leprosería en Larache, hospitales psiquiátricos en Sidi-Frich y Sidi Ali Harazen y un etc. muy largo; todo ello dependiente de la Dirección General de Sanidad Civil ubicada en Tetuán y al servicio del gobierno Jalifiano, teniendo como funcionarios a médicos civiles, generalistas y especialistas en todas las ramas del saber médico, que habían obtenido sus plazas por oposición al “Cuerpo de Médicos de los Servicios de la zona”. Con esta titulación se incorporaron a España al llegar la independencia del país, o continuaron al servicio del gobierno marroquí, en virtud del Convenio Hispano-Marroquí sobre Asistencia Administrativa y Técnica del 3 de julio de 1959, hasta que una de las dos partes, de mutuo acuerdo, no desearan continuar en esta situación. La actual estructura sanitaria en el norte de Marruecos es una prolongación de lo que fue la sanidad civil del Protectorado, con facetas positivas y negativas. Ha disminuido el número de médicos rurales, quiero pensar que al mejorar las comunicaciones; aquellos héroes anónimos acudían, a lomo de caballo o como fuera, por caminos polvorientos, a veces senderos de cabras, con un fórceps y un estetoscopio en su maletín y en medio de solo Dios sabe cuántas dificultades, para atender a la parturienta de turno, al traumatizado o a cualquiera otra patología sin posibilidades de evacuación inmediata; o bien realizaban los recorridos durante las campañas de vacunación o inspecciones sanitarias. ¡Cuantas veces, por mis frecuentes cacerías por toda la zona, me he cruzado y charlado con ellos, acompañados por el practicante y el mehazni protector, y cuánto he admirado a estos funcionarios! Su labor solo estaba compensada por el cariño y el respeto que el kabileño les profesaba. Existían médicos civiles de ejercicio profesional libre, no militares ni funcionarios, que gozaban de una merecida reputación por sus cualidades humanas y científicas; o bien nacieron allí o llegaron en circunstancias variopintas y se quedaron para ejercer su profesión, con el beneplácito y autorización del gobierno jalifiano y de las autoridades protectoras. Mi memoria de pre-Alzheimer no me permitirá recordarlos a todos, pido perdón por los que olvide, pero tuve mucha amistad y colaboración profesional con el doctor Prat, los hermanos Maté y su hijo Emilio, los Frieiros, Noguera, Gabizón, Benamú, González Martín, Tomás Fez, Palomo, Flores, Carlos Bretón, Emilio Aragón, Manolo Muñoz, Espinar, Pubiano, Skirek, Ben Aomar, Bertucci, Zaldivar, Arnet (Alcazarquivir) y muchos otros que me resulta imposible recordar, de ejercicio profesional libre (no se si funcionarios o no) en otras ciudades de Marruecos. Así como las promociones de los Rico Abelló, Díaz Marín, Otero, Irigoyen, Solsona, del Toro, sin olvidar los que quedaron para siempre, después de muchos años de ejercicio profesional, como Traba y Alberti, y otros que cayeron en la lucha contra la enfermedad, como el Dr. Bernal, víctima de la epidemia de tifus exantemático.

Tengo ante mí la tesis doctoral del Dr Luis Herrero Muñoz sobre “Acción Sanitaria de España en Marruecos” que dedica a su mujer, Encarnita, y al profesor Matilla ¡Qué recuerdos más entrañables trae a mi mente este excelente profesional, hombre bueno que trabajó mucho y amó mucho a este país!. Gracias, Luisito, allá donde sé que estás, por los esfuerzos que me ahorras fusilando datos de tu tesis, ante la pobreza de información que existe sobre la sociedad civil del Marruecos de influencia española.
El tratadista francés debiera haber tomado algunos datos para conocer la organización sanitaria desde comienzos del Protectorado y enterarse de que después de la pacificación en el año 1927 transcurrió la etapa de unos médicos militares (Gomez Ulla, Lozano, Zaldivar, Merás, Manzanares, Aracama, Lazo, Bonet, Amieba, Duaso), alguno de los cuales llegué a conocer, que fueron verdaderos pioneros de una obra sanitaria que perduró, durante todo el Protectorado, en manos de una sanidad civil. Ya en 1918 se crea el Servicio Sanitario Oficial y la Juntas Civiles de Sanidad local. Por dahir de 22 de julio de 1929 se crea la Inspección de Sanidad de la zona, así como las inspecciones locales de sanidad civil y las juntas de Beneficencia; en marzo de 1937 la Inspección de Sanidad se adscribe definitivamente a la Delegación de Asuntos Indígenas de Tetuán, con un organigrama donde merece destacarse el Instituto de Sanidad de Tetuán; éste disponía de secciones de hematología y transfusión, bacteriología y análisis clínicos, parasitología, análisis químico e higiene, histopatología, vacuna antirrábica, vacuna antivariólica, estación móvil de desinfección y una sección pedagógica que organiza cursos y conferencias para los médicos recién incorporados a Marruecos.
En este programa del año 1937 destacamos así mismo una sección de servicios farmacéuticos, hospitales civiles, sanatorio y enfermería marítima de Asilah, higiene escolar, medicina e higiene infantil, lucha y campañas sanitarias (antipalúdica, antivenérea, antitracoma, antituberculosa), así como otras campañas sanitarias. Si bien existía un Patronato antituberculoso con dispensario en Tetuán, el
sanatorio antituberculoso de Ben-Karrich no inicia su andadura hasta 1946, siendo su primer director el doctor Lenzano y, posteriormente y hasta años después de la independencia del país, el doctor Muñoz Ramallo, ambos de grato e imperecedero recuerdo entre sus muchos enfermos que, aun hoy y después de tantos años, me preguntan por ellos. Su labor fue aún más completa al contar con la colaboración
impagable de las religiosas de San Vicente, que continúan en la actualidad su meritoria y callada labor.
Otra sección a considerar en este organigrama son los “círculos médicos”, que García Figueras califica como “La avanzada sanitaria que se infiltra en la población campesina marroquí llevando su acción benéfica y social a todos los rincones de ella”.

Existían, en la estadística de 1955, cuarenta y cuatro centros médicos rurales y once urbanos. El total de establecimientos sanitarios era de 93. El número de médicos funcionarios 115 y el número total de personal sanitario 676 ¿Existió medicina civil en el Protectorado, estimado tratadista?. ¿Qué ocurría con los enfermos mentales? ¿Cómo no cubría estas necesidades la sanidad estatal? ¿Los buhalis estaban considerados como tales enfermos?. La respuesta a esta deficiencia asistencial no me fue difícil encontrarla: el respeto, por parte de la nación protectora, a las tradiciones del país, el sentido místico-mágico-religioso que sobre la enfermedad mental existía en la conciencia del pueblo, en un amplio meridiano cultural, como en otros tantos países en aquel tiempo, hacía que el desequilibrado mental, el buhali, el loco, gozara de respeto, misterio, sorpresa y temor generalizado; sus cuidados corrían a cargo de las instituciones religiosas del país, y eran atendidos en sus necesidades por el Ministerio del Habús (Asuntos Islámicos), del cual dependía asimismo todo lo relacionado con las mezquitas, beneficencia musulmana, Yumaas comarcales y las zauias para acogida de enfermos buhalis en algunas kábilas (Sidi-Hedí en Beni Aros, Sidi Ali Harazen en Melusa, Sidi Larbi Gailan en Arzila, Sidi-Frich enTetuán y algunas más que he olvidado).
Y aquí comienza mi “ridiculum vitae” que diría Sabater y que sitúo en el año 1950 cuando, después de muchos problemas administrativos, tengo que incorporarme a cumplir el servicio militar al “Regimiento de Artillería nº 30 de Tetuán como soldado especialista en psiquiatría, adscrito al Hospital Militar Gómez Ulla” (BOE). Me presenté al coronel Utrilla de artillería, quien me ordenó acudir al coronel Aracama,
director del Hospital Militar. Fui nombrado, previo informe sobre mis antecedentes, médico jefe del “Servicio de presos y dementes”.
Así comencé mi andadura profesional en Marruecos, en un Hospital Militar deunas 700 camas, con sesiones clínicas bisemanales, de marcado interés y calidad científica, con profesores universitarios invitados a ella casi semanalmente, y en un ambiente castrense donde los jefes se hacían imitar y querer, y nunca odiar o temer. Tuve muchas interconsultas y amistad con todos ellos: Triguero, Montero, Mayoral, Ríos, Conejo, Duaso, Segoviano, Astray, Peiró, Bedoya, Retuerto, Del Hoyo, Puga y otros que lamento no recordar. Nunca supe su graduación militar, si exceptuamos al Doctor Aracama, coronel director y gran amigo. Mi curiosidad, nunca saciada, me hace interesarme por el estado de la psiquiatría civil del protectorado, y con una carta de mi padre me presento a su buen amigo y paisano Don Francisco Trujillo Machacón, Coronel del cuerpo de Interventores. No tengo modo de expresar y agradecer la acogida que recibí de este gran hombre y su
numerosa familia, y muchas veces he pensado que, si algo útil hice en este país, fue con el único deseo de que a él pudiera agradarle. Desde ese momento no me sentí solo en Tetuán. Él me informó sobre lo que yo deseaba saber, si bien me advirtió Don Francisco que el Ministerio del Habús era un poco tabú para las autoridades protectoras, por puro respeto a las tradiciones y al matiz religioso del mismo. Me presentó al que luego, y durante muchos años, sería amigo inseparable, el Hach Mohamed Baraka, jefe de los chorfas de Muley Abdeselam y Presidente del Tribunal Supremo de Justicia del gobierno jalifiano, a cuya familia me uní por lazos profesionales y de amistad. El hach Baraka estaba casado con Zaineb Musa, hija del Ministro del Habús (madre del actual embajador de Marruecos en España, Sr. Abdeselam Baraka).

Todas las piezas del ajedrez estaban listas. Necesitaba una autorización del Ministro para visitar el Lazareto de Sidi-Frich, donde estaban encerrados los locos o las personas que habiendo sido tomadas como tales, porque algún día se excedieron con alguna bebida alcohólica, causaron escándalo en la vía pública, fueron detenidos y conducidos al Lazareto. El bondadoso y sabio Ben Musa no puso reparo a mi visita y con una cámara y un tomavistas entré en Sidi-Frich. Aun conservo en mi retina la escena dantesca. Semidesnudos o desnudos, con gruesas cadenas o anillas de hierro en cuello y tobillo, permanecían en celdas de 1,60 x 60, atados a una argolla del muro, hasta que Dios quisiera librarlos o cediera su cuadro de agitación. Otros paseaban, como autómatas, gesticulando, riendo, llorando, semidesnudos, sucios y en un número diez veces superior al espacio disponible. Buenos y humanos guardianes se lamentaban de la situación pero se veían impotentes para solucionarla, y tenían miedo a dejarlos libre por su posible agresividad o fuga.
Mostré fotografías, no todas, al Hach Baraka, Ben Musa y Don Francisco, no saliendo de su asombro y poniendo éste la situación en conocimiento de Don Tomás García Figueras, delegado de asuntos indígenas, y con posterioridad Alto Comisario. El resultado fue la concesión inmediata de recursos económicos y humanos suficientes para transformar el Lazareto en Hospital psiquiátrico de Sidi-Frich, con una capacidad inicial de 100 camas. A él trasladé los enfermos de las distintas zauias y creamos una consulta de salud mental, aneja al hospital, así como 3 talleres de Laborterapia (esteras de palmito, ebanistería y alfarería). Creo sinceramente que mi curiosidad y disposición para aunar voluntades de hombres buenos y sensibles al dolor ajeno dio su fruto y se creó una buena obra.
Duró la transformación aproximadamente dos años, siendo este tiempo aprovechado para tratar enfermos, aplicando los métodos biológicos entonces existentes (electro-shock, electro-narcosis, curas de Shekel con insulina) así como los primeros fármacos psicoactivos del mercado (neurolépticos, ansiolíticos, timolépticos), tanto en régimen hospitalario como ambulatorio. El resultado fue espectacular. El pueblo no podía creer cómo un buhali, en intenso estado de agitación psicomotriz, que agredía a veces sin causa justificada, hablaba de forma ininteligible y se desnudaba sin pudor, ingresara en Sidi-Frich y una semana después trabajara en un taller ocupacional. Yo me
preocupaba de sacar provecho de esta situación de asombro y trabajábamos a puertas abiertas, permitiendo la entrada de familiares y amigos y realizando todos los tratamientos ambulatorios posibles. El trabajo nos desbordaba, al acudir enfermos de todas las regiones del país, formar personal especializado (no puedo olvidar a Antonino, Mafur, Butaieb, Maimón, Metuki y tantos otros), y pelearme con la administración, siempre con limitaciones económicas. Continué con la jefatura de servicio del Hospital Militar, que se transformaría con
posterioridad en el Hospital Español de Tetuán, y a día de hoy sigo sin saber si fui licenciado o no, pues creo que nadie me comunicó nunca nada o yo no me enteré. Fui nombrado con carácter interino médico psiquiatra de los Servicios Sanitarios de Marruecos por la Dirección General de la Alta Comisaría en agosto de 1951, plaza que saqué con posterioridad, por oposición libre, en Madrid y entre especialistas
españoles en 1953, junto al doctor González Más, que renunció. Continué mi vida profesional compaginando mi actividad hospitalaria con el
ejercicio profesional libre, creando una unidad de psiquiatría en el Hospital Civil de Sania-Ramel. Tuve mucha amistad, pues relación profesional la había tenido siempre, con grandes especialistas como Erviti, Suero, Eduardo y Luis Lomo, González Haba, Luis Barceló, Ugarte, Molina, Gabito, García Serna, López Basto, Chacón, Sanchez Covisa, Ruiz, Rellán, Santonja, Chornechan, Curbera, Arces, Erice, Gabizón, Wilson, Ruiz, García Cortés (Tánger), Lastra, Roca (Tánger) y tantos otros que supieron dar, cada uno de ellos, un tono de humanidad, seriedad científica y austeridad profesional a la medicina española en Marruecos.

El tiempo pasa y llega el año 1956 con la independencia del país. La transferencia del Protectorado español al gobierno marroquí debiera haber servido de referente a todos los acontecimientos políticos similares que se produjeron en el mundo con posterioridad. Se realizó con serenidad y sosiego, cortesía y colaboración, y sin traumas dignos de señalar, en Tetuán, capital del Protectorado. El ejército español evacuaba sus efectivos, se transferían competencias y poderes, coincidían autoridades de las dos naciones en el cotidiano quehacer de la ciudad, con contactos permanentes entre ellos y sin complejos por parte alguna.
Hasta el 3/08/1959, tres años después de la independencia del país, no se firmará el Convenio Hispano-Marroquí de Asistencia Administrativa y Técnica. Creo que ello se produjo por el buen entendimiento entre los dos pueblos y el buen hacer del
inteligente nacionalista tetuaní Abdelhalek Torres, Ministro encargado por S. M. Mohamed V de la transferencia, así como por la capacidad dialogante y tolerancia de Taieb Bennuna, primer gobernador de Tetuán, del bueno de Ben Azus, secretario del gobierno, sin olvidar a Abdeselam el Hach, bacha de Tetuán durante tantos años y fraternal amigo.
A lo largo de los años he conocido a gente de toda condición y siempre tuve amigos que me ayudaban y satisfacían mis deseos. Abusando de nuestra amistad les pedí ayuda para un proyecto que rondaba mi mente: trasladar el hospital psiquiátrico de Sidi-Frich, que había quedado obsoleto e insuficiente, al cuartel de Regulares número 1 de Tetuán, conocido por Mallorca, situado en la barriada del Yebel Dersa y que estaba desocupado por traslado del regimiento a Ceuta. Teníamos la posibilidad de ampliación a seiscientas camas, terrenos para jardinería y talleres ocupacionales, multibloque, posibilidades de construir nuevos pabellones y dar, en fin, una asistencia psiquiátrica de
mejor calidad y más proyección social. Creo que llegué a ilusionarlos, Taieb decía que hipnotizarlos, y al final se produjo el traslado venciendo toda clase de obstáculos, incluso de los enfermos que añoraban el viejo Sidi-Frich y, por supuesto, con pocos medios económicos.
El hospital marchaba y la demanda de plazas aumentaba desde todas las ciudades del reino, imponiéndose la ampliación del mismo. El Ministerio de Sanidad de Rabat era sordo a nuestra demanda, sin duda porque no podrían, pero no así el Gobernador de Tetuán, el animoso, inteligente y querido amigo Hosain Layasi, que tanto bien hizo a la ciudad. Éste nos ofreció su ayuda así como la Delegación de Sanidad de Tetuan, que nos cedió personal de mantenimiento de la provincia. Con ellos, nuestros enfermos, el gobierno de la provincia y las donaciones en cemento y material de construcción facilitados por la generosidad de numerosas y nobles familias tetuaníes, terminamos un bonito pabellón con 60 camas. ¿Cómo no voy a estar agradecido e imperecederamente unido a este pueblo?. El Dr Fadel Beniais, tetuaní de cepa, de gloriosa memoria y entrañable amigo, médico personal de S. M. Hassan II, se interesa por el centro y por sus necesidades y consigo animarlo a un nuevo proyecto: la creación de una colonia psiquiátrica en Sidi Ali Harazen, en la kábila de Melusa, de la región de Anyera, para enfermos crónicos fuertemente estereotipados y des-socializados. Si conseguíamos hacerlos trabajar en faenas agrícolas, todos ellos procedentes del medio rural, dábamos el primer paso para una posible reinserción social y familiar. Creo que el bueno de Fadel debió implicar a alguien más, pues el hospital con 50 camas fue construido rápidamente en la proximidad del santuario, bien dotado de personal y material.

Creo que hicimos una operativa granja agrícola con el trabajo de los enfermos, incentivados con un quehacer y visitas familiares frecuentes que llenaban su vida de un contenido que les permitió a muchos volver a sus hogares. Fui el último funcionario español al servicio del Gobierno Marroquí en virtud del Convenio de Asistencia Técnica. Me incorporé a la Administración española como Director del Centro de Diagnóstico y orientación terapéutica del centro de Higiene de Ceuta y jefe del servicio de Psiquiatría de Cruz Roja en 1976. Fui profesor de
psicología, psicopatología y psiquiatría de la Escuela Universitaria de Enfermería de Ceuta durante 25 años, y me jubilé en 1995.
¿Qué ha sido de lo que ayudé a crear en Marruecos? En realidad no lo sé. Mucha nieve ha caído sobre las cumbres del yebel Kelti desde que yo llegué a estas tierras. Sigo en ellas pues, si bien tengo mi domicilio oficial en Ceuta, acogedora, bella y apacible ciudad, paso el tiempo que mi trabajo privado me permite en Kabila, bonita urbanización en Rincón del M’diq; juego al golf con frecuencia en Cabo Negro, cazo donde siempre lo hice, en todo el país, y creo gozar del respeto y consideración de este pueblo agradecido, siendo el afecto mutuo.
Quiero agradecer a Pili, mi mujer, su paciencia y pedirle perdón por las muchas promesas incumplidas. Ella colaboró fundamentalmente en mi labor. Durante veinte años, o algunos más, la ilusioné con vacaciones de un mes, como todo el mundo, y pasarlas en su querida Zaragoza visitando todos los días a la Pilarica. Nunca pude cumplir mi promesa. Si añadimos mis cacerías de domingos y festivos sin mirar la
meteorología, no es de extrañar que diga cuando se enfada, que son pocas veces, ser la perfecta viuda desde los 20 años, que cometió la equivocación de casarse conmigo, un médico cazador. Suelo responderle que en compensación, tengo a la mujer que mejor juega a la canasta del mundo, algo que aprendió en los muchos años que, con sus amigas, llenaba el vacío de mi ausencia.
No me he decidido, ni creo lo haga, a visitar los centros que ayudé a crear, ilusionando a mucha gente que ya se fue. Guardo una imagen de ellos que no quiero que se desvanezca ante una realidad actual posiblemente muy diferente. No se si los sueño como son ahora pero sí como fueron, y así vivirán siempre en la intimidad de mi recuerdo emocionado.

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